El Árbol Emperatriz, un arma frente al efecto invernadero

Es grato aludir a continuación una especie que está tomando auge alrededor del mundo por lo que es y qué puede hacer por la humanidad; hablamos del Paulownia tomentosa, mejor conocido como Árbol Emperatriz o simplemente Árbol Kiri.

Consiste en un árbol ornamental, frondoso y grande que tiene como origen la antigua China. Su alta relevancia a nivel ambiental no se basa solamente en características estéticas; basta con encasillar la enorme eficacia de este en el proceso de la fotosíntesis.

Específicamente hablando, se obtiene un árbol que hace de arma en contra del efecto invernadero. Posee una capacidad superior a la de cualquier otro árbol respecto al nivel de absorción del Co2 (dióxido de carbono).

Asimismo es notable la suficiencia de dicho en cuanto a la producción de oxígeno; legítimo fenómeno que mantiene en pie la tierra e incluso la existencia de nuestra especie.

Según estudios un árbol emperatriz en tan un solo día puede captar cerca de 22kg de dióxido de carbono, a la postre transformándolos en unos sanos 6kg de oxigeno para beneficio nuestro y del planeta.

Un stop al calentamiento global

¿Es posible que un simple árbol pueda frenar definotoriamente el fenómeno que atenta con nuestra extinción?

La es respuesta sí, teniendo en consideración los alentadores resultados que arrojó el árbol emperatriz tras estudios.

Sin dudas es el prototipo perfecto de herramienta para combatir el incesante cambio climático. No obstante, las cualidades positivas de esta especie no acaba solamente en su elevada capacidad de producción de oxígeno. Se ha comprobado que dicho atesora la aptitud de crecer incluso en los terrenos más áridos y secos del mundo, teniendo cierta resistencia a la escasez de recursos imperativos como el agua o el sol.

Pero las virtudes no acaban allí. Gracias a los cuantiosos índices de resina ugnífuga en su interior, los árbol emperatriz son muy resistentes a los incendios forestales, pudiendo tolerar hasta 440° centígrados de calor. Otro buen aspecto de él es la competencia en relación con su crecimiento, siendo la especie arbórea con mayor rapidez de progresión (2 centímetros diarios; hasta 6 metros en 365 días).

En Estados Unidos ya se cumplió una década desde el nacimiento del proyecto “La revolución del árbol Kiri”, impuesto en el Estado de Texas con la meta de sembrar 1 millón de estos especímenes. En la actualidad, la misma corriente ha comenzado a recalar en países latinoamericanos como México, Argentina y Chile, cuyos ya manejan algunos planes para la implementación de estrategias similares a la de los norteamericanos.

Aguardamos a que esta tendencia con el paso de los años vaya convirtiéndose a fin de cuentas en una política prácticamente obligatoria en todas las naciones del mundo. Bajo esta filosofía, consciente y ambientalista, no caben dudas de que se podrá concretar la meta de perpetuar nuestra casa y nuestra especie, antes que sea tarde.

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