En el célebre libro “Biodiversity“, publicado en 1986, Edward O. Wilson resaltó tres circunstancias para que la preservación de la biodiversidad fuera tratada como un asunto de la mayor urgencia. 

Primero, la acelerada tasa de degradación del ambiente debido al crecimiento de la población humana, sobre todo en los trópicos.

Segundo, los descubrimientos de la ciencia que permiten dar nuevos usos a la biodiversidad para mejorar la vida humana, como por ejemplo el descubrimiento de nuevos fármacos. 

Tercero, el hecho de que buena parte de la biodiversidad se estar perdiendo irreversiblemente debido a la destrucción de hábitat. 

Él pedía prisa en la búsqueda de conocimientos que basas políticas de conservación y desarrollo para los próximos siglos. Pasadas casi tres décadas el clamor de Wilson se mantiene en el orden del día. Muchos avances fueron construidos en ese período.

¿Por qué conservar la biodiversidad?

Considerando la historia de la especie humana, durante más de 10.000 años vivimos bajo la falsa impresión de que los recursos naturales eran inagotables. El “descubrimiento” de que los recursos del planeta son agotadores es relativamente reciente.

Es necesario entrar en una crisis ambiental para percibir que la forma en que exploramos la naturaleza está causando la contaminación de los recursos hídricos, la desaparición de especies, la reducción de las poblaciones de muchas especies, la pérdida de la previsibilidad del clima, lo que hace que las sequías y inundaciones un problema para la agricultura, la desertificación de extensas áreas, entre otros problemas. Este es el lado de la crisis ambiental que conocemos.

Hay todavía el lado de la crisis que no conocemos, que nos trae preguntas difíciles de responder de una forma que ayude a traer soluciones a la crisis conocida. 

No sabemos, por ejemplo, la capacidad de soporte del planeta Tierra. ¿Cuántos habitantes soportará el planeta con los recursos actuales y en deterioro? ¿Cuál es el verdadero grado de daño que el sistema de vida que creamos causa a la Tierra? ¿Cuál es la capacidad del planeta para recuperarse de los impactos deletéreos, o sea, cuál es su resiliencia? ¿Todavía hay tiempo para adoptar medidas que ayuden al planeta a recuperarse o ya pasamos del punto sin retorno? Esta es la incertidumbre de la crisis ambiental.

Es en este dilema, entre lo que fue destruido y lo que necesita ser hecho para restaurar el mundo natural y su equilibrio, que la Biología de la Conservación viene desarrollándose como campo de estudio y aplicación de conocimientos. 

Ya sabemos que la extinción de especies y cambios climáticos fueron parte de la historia evolutiva y geológica de la Tierra. Hay registros fósiles indican 5 o 6 grandes extinciones de especies masivas en el pasado, porque ahora el calor, ahora el enfriamiento del clima, a veces por el vulcanismo, a veces por la caída de meteoritos, o una combinación de más de una de estas causas. Pero ahora vivimos la sexta gran extinción de especies. La diferencia es que se ha atribuido a la acción humana.

La caza, desde los primordios de la existencia humana, ha sido una causa de pérdida de biodiversidad. Con la Revolución Industrial y la posterior explosión de la población mundial, la deforestación y la contaminación se convirtieron en la causa de pérdida de hábitat y por tabla de extinción de especies.

¿Cómo se dimensiona la pérdida de especies?

Los biólogos de la conservación tienen un enorme desafío ante la amenaza de pérdida global de la biodiversidad. Pero, afortunadamente, ya se han puesto a disposición instrumentos para el paso inicial: evaluar qué especies deben priorizarse en los esfuerzos de conservación. 

Esto se hace por la evaluación del grado de amenaza de extinción o vulnerabilidad de una especie en el sistema y su sistema de vida. 

La International Union for Conservation of Nature es una organización que reúne a 84 naciones, 112 agencias de gobierno, 735 ONG y miles de expertos y científicos de 181 países. Se estableció criterios para categorizar las especies en cuanto al riesgo de extinción. 

Con ello los biólogos pueden evaluar si determinadas especies seleccionadas están o no en peligro de extinción. Entonces, el resultado final es un conjunto de listas rojas, mundial y por países, que enumeran las especies evaluadas. Todo en fin de preservar e intentar salvar nuestra actual biodiversidad.